29 oct 2014

ACTIVIDADES TEMA 2: La racionalidad teórica


ACTIVIDADES DEL TEMA 2: La Racionalidad Teórica

1 Lee las siguientes afirmaciones y contesta posteriormente a las preguntas:

a) Los solteros no están casados.
b) Dios existe, lo afirma la Biblia.
c) Fumar perjudica la salud.
d) Para hacerse rico lo mejor es echar la primitiva.
e) Los gatos negros traen mala suerte.
f) Esta asignatura de filosofía la aprobaré o la suspenderé.
g) La pizarra del aula C170 es blanca.
h) Dos más dos son cuatro.
i) Me llamo Arturo.
j) Dime qué hora es.
k) ¡Callaos!
l) Salteras en un pueblo sevillano.
m) El agua está compuesta de dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno.
n) Olivares está a 5 kilómetros de Sevilla.
ñ) La raíz cuadrada de 25 es 5.
o) Mañana iremos al cine o no iremos.
p) Cuando estudio apruebo.
q) Marte es un satélite de la Tierra.
r) Hazme el favor de cerrar la puerta.
s) No es posible que me quieras y no me quieras a la vez y en el mismo sentido.

1.1 De las anteriores oraciones, cuáles no son proposiciones y por qué.
1.2. De las que son proposiciones di cuáles son analíticas y cuáles sintéticas.
1.3. De las que son proposiciones di cuáles te parecen racionales aportando las razones y cuáles no te parecen racionales y por qué.


TEXTOS EXTRAIDOS DEL LIBRO “LAS PREGUNTAS DE LA VIDA”, Fernando Savater

2 Lee el siguiente texto y contesta
2.1 ¿Cómo llegamos a saber lo que sabemos o creemos saber?
2.2 ¿Hasta qué punto estamos seguro de ellos?
2.3 ¿Cómo podemos ampliarlos, mejorarlos o, en su caso, sustituirlos por otros más fiables?

¿Hasta qué punto estoy seguro de cada una de esas cosas; que sé? Desde luego, no todas las creo con el mismo grado de certeza ni me parecen conocimientos igualmente fiables. Pensándolo bien, cualquiera de ellas puede suscitarme dudas. Creerme algo sólo porque otros me lo han dicho no es demasiado prudente. Podrían estar ellos mismos equivocados o querer engañarme: quizá mis padres me amaban demasiado para decirme siempre la verdad o el ligón nunca fue un verdadero experto en psicología femenina... De las noticias que leo en los periódicos, para qué hablar; no hay más que comparar lo que se escribe en unos con lo que cuentan otros para ponerlo todo como poco en entredicho. Aunque ofrezcan mayores garantías, tampoco las materias de estudio son absolutamente fia­bles. Muchas cosas que estudié de joven hoy se explican de otra manera y las ciencias actuales descartan numerosas teorías de los siglos pasados: ¿quién puede asegurarme que lo hoy tenido por cierto no será también descartado mañana? Ni siquiera lo que yo mismo puedo experimen­tar es fuente segura de conocimiento: cuando introduzco un palo en el agua me parece verlo quebrarse bajo la su­perficie aunque el tacto desmiente tal impresión y casi ju­raría que el sol se mueve a lo largo del día o que no es mu­cho mayor que un balón de fútbol, mientras que la astronomía me da noticias muy distintas al respecto. Además también he sufrido a veces alucinaciones y espe­jismos, sobre todo después de haber bebido demasiado o estando muy cansado...
¿Quiere todo esto decir que nunca debo fiarme de lo que me dicen, de lo que estudio o de lo que experimen­to? De ningún modo. Pero parece imprescindible revisar de vez en cuando algunas cosas que creo saber, compa­rarlas con otros de mis conocimientos, someterlas a exa­men crítico, debatirlas con otras personas que puedan ayudarme a entender mejor. En una palabra, buscar ar­gumentos para asumirlas o refutarlas. A este ejercicio de buscar y sopesar argumentos antes de aceptar como bue­no lo que creo saber es a lo que en términos generales se le suele llamar utilizar la razón.

3 Atendiendo al texto, explica el significado de las expresiones subrayadas:

El objetivo del método racional es establecer la ver­dad, es decir, la mayor concordancia posible entre lo que creemos y lo que efectivamente se da en la realidad de la que formamos parte. «Verdad» y «razón» comparten la misma vocación universalista, el mismo propósito de validez tanto para mí mismo como para el resto de mis semejantes, los humanos. Lo expresó concisamente muy bien Antonio Machado en estos versos:
Tu verdad, no: la Verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.

De modo que la razón no es algo que me cuentan los demás, ni el fruto de mis estudios o de mi experiencia, sino un procedimiento intelectual crítico que utilizo para organizar las noticias que recibo, los estudios que realizo o las experiencias que tengo, aceptando unas cosas (al menos provisionalmente, en espera de mejores argumentos) y descartando otras, intentando siempre vincular mis creencias entre sí con cierta armonía. Y lo primero que la razón intenta armonizar es mi punto de vista me­ramente personal o subjetivo con un punto de vista más objetivo o intersubjetivo, el punto de vista desde el que cualquier otro ser racional puede considerar la realidad. Si una creencia mía se apoya en argumentos racionales, no pueden ser racionales sólo para mí. Lo característico de la razón es que nunca es exclusivamente mi razón. De aquí proviene la esencial universalidad de la razón, en la que los grandes filósofos como Platón o Descartes siem­pre han insistido. Esa universalidad significa, primero, que la razón es universal en el sentido de que todos los hombres la poseen, incluso los que la usan peor (los más tontos, para entendernos), de modo que con atención y paciencia todos podríamos convenir en los mismos argu­mentos sobre algunas cuestiones; y segundo, que la fuer­za de convicción de los razonamientos es comprensible para cualquiera, con tal de que se decida a seguir el mé­todo racional, de modo que la razón puede servir de ár­bitro para zanjar muchas disputas entre los hombres.


4 Dice el filósofo alemán Kant que si nos privan de la libertad de expresión también nos privan de la libertad de pensar. Lee este texto y explica la relación entre libertad de expresión y libertad de pensamiento.

La razón no sólo es un instrumento para conocer sino que tiene relevantes consecuencias po­líticas. El proceso de razonamiento -argumentos, datos, dudas, pruebas, contrapruebas, preguntas capciosas, re­futaciones, etc.- está tomado del método que seguimos para discutir con nuestros semejantes los temas que nos interesan. Es decir, todo razonamiento es social porque reproduce el procedimiento de preguntas y respuestas que empleamos para el debate con los demás. Tal es precisamente el origen de la razón, si hemos de hacer caso a Giorgio Colli: «Muchas generaciones de dialécticos ela­boraron en Grecia un sistema de la razón, del logos, como fenómeno vivo, concreto, puramente oral. Eviden­temente, el carácter oral de la discusión es esencial en ella: una discusión escrita, traducida a obra literaria, como la que encontramos en Platón, es un pálido subrogado (sustituto) del fenómeno originario, ya sea porque carece de la más mí­nima inmediatez, de la presencia de los interlocutores, de la inflexión de sus voces, de la alusión de sus miradas, o bien porque describe una emulación pensada por un solo hombre y exclusivamente pensada, por lo que carece del arbitrio, de la novedad, de lo imprevisto, que pueden sur­gir únicamente del encuentro verbal de dos individuos de carne y hueso»1. Razonar no es algo que se aprende en soledad sino que se inventa al comunicarse y confrontar­se con los semejantes: toda razón es fundamentalmente conversación.

5 ¿Son todas las opiniones igualmente válidas? ¿Por qué?

Actualmente se ha extendido una versión que me pa­rece errónea de la relación entre la capacidad de argu­mentación y la igualdad democrática. Se da por supues­to que cada cual tiene derecho a sus propias opiniones y que intentar buscar la verdad (no la tuya ni la mía) es una pretensión dogmática, casi totalitaria. En el fondo, no hay planteamiento más directamente antidemocrático que éste. La democracia se basa en el supuesto de que no hay hombres que nazcan para mandar ni otros nacen para obedecer, sino que todos nacemos con la ca­pacidad de pensar y por tanto con el derecho político de intervenir en la gestión de la comunidad de la que for­mamos parte. Pero para que los ciudadanos puedan ser políticamente iguales es imprescindible que en cambio no todas sus opiniones lo sean: debe haber algún medio de jerarquizar las ideas en la sociedad no jerárquica, po­tenciando las más adecuadas y desechando las erróneas o dañinas. En una palabra, buscando la verdad. Tal es precisamente la misión de la razón cuyo uso todos com­partimos (antaño las verdades sociales las establecían los dioses, la tradición, los soberanos absolutos, etcéte­ra). En la sociedad democrática, las opiniones de cada cual no son fortalezas o castillos donde encerrarse como forma de autoafirmación personal: «tener» una opinión no es «tener» una propiedad que nadie tiene derecho a arrebatarnos. Ofrecemos nuestra opinión a los demás para que la debatan y en su caso la acepten o la refuten, no simplemente para que sepan «dónde estamos y quié­nes somos». Y desde luego no todas las opiniones son igualmente válidas: valen más las que tienen mejores ar­gumentos a su favor y las que mejor resisten la prueba de fuego del debate con las objeciones que se les plan­tean.



6. Realiza una afirmación subjetiva y explica por qué es subjetiva.
7. Realiza una afirmación objetiva y explica por qué es objetiva.
8. Explica algún argumento que te convenza a favor o en contra el dogmatismo.
9. Explica algún argumento que te convenza a favor o en contra el escepticismo.
10. Explica algún argumento que te convenza a favor o en contra el relativismo.


1 El nacimiento de la filosofía, de G. Colli, Barcelona, Tusquets.

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