ACTIVIDADES DEL TEMA 2:
La Racionalidad Teórica
1 Lee las siguientes
afirmaciones y contesta posteriormente a las preguntas:
a) Los solteros no están
casados.
b) Dios existe, lo
afirma la Biblia.
c) Fumar perjudica la
salud.
d) Para hacerse rico lo
mejor es echar la primitiva.
e) Los gatos negros
traen mala suerte.
f) Esta asignatura de
filosofía la aprobaré o la suspenderé.
g) La pizarra del aula
C170 es blanca.
h) Dos más dos son
cuatro.
i) Me llamo Arturo.
j) Dime qué hora es.
k) ¡Callaos!
l) Salteras en un pueblo
sevillano.
m) El agua está
compuesta de dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno.
n) Olivares está a 5
kilómetros de Sevilla.
ñ) La raíz cuadrada de
25 es 5.
o) Mañana iremos al
cine o no iremos.
p) Cuando estudio
apruebo.
q) Marte es un satélite
de la Tierra.
r) Hazme el favor de
cerrar la puerta.
s) No es
posible que me quieras y no me quieras a la vez y en el mismo
sentido.
1.1
De las anteriores oraciones, cuáles no son proposiciones y por qué.
1.2.
De las que son proposiciones di cuáles son analíticas y cuáles
sintéticas.
1.3.
De las que son proposiciones di cuáles te parecen racionales
aportando las razones y cuáles no te parecen racionales y por qué.
TEXTOS EXTRAIDOS DEL
LIBRO “LAS PREGUNTAS DE LA VIDA”, Fernando Savater
2 Lee el siguiente texto
y contesta
2.1 ¿Cómo llegamos a
saber lo que sabemos o creemos saber?
2.2 ¿Hasta qué punto
estamos seguro de ellos?
2.3 ¿Cómo podemos
ampliarlos, mejorarlos o, en su caso, sustituirlos por otros más
fiables?
¿Hasta qué punto estoy
seguro de cada una de esas cosas; que sé? Desde luego, no todas las
creo con el mismo grado de certeza ni me parecen conocimientos
igualmente fiables. Pensándolo bien, cualquiera de ellas puede
suscitarme dudas. Creerme algo sólo porque otros me lo han dicho no
es demasiado prudente. Podrían estar ellos mismos equivocados o
querer engañarme: quizá mis padres me amaban demasiado para decirme
siempre la verdad o el ligón nunca fue un verdadero experto en
psicología femenina... De las noticias que leo en los periódicos,
para qué hablar; no hay más que comparar lo que se escribe en unos
con lo que cuentan otros para ponerlo todo como poco en entredicho.
Aunque ofrezcan mayores garantías, tampoco las materias de estudio
son absolutamente fiables. Muchas cosas que estudié de joven
hoy se explican de otra manera y las ciencias actuales descartan
numerosas teorías de los siglos pasados: ¿quién puede asegurarme
que lo hoy tenido por cierto no será también descartado mañana? Ni
siquiera lo que yo mismo puedo experimentar es fuente segura de
conocimiento: cuando introduzco un palo en el agua me parece verlo
quebrarse bajo la superficie aunque el tacto desmiente tal
impresión y casi juraría que el sol se mueve a lo largo del
día o que no es mucho mayor que un balón de fútbol, mientras
que la astronomía me da noticias muy distintas al respecto. Además
también he sufrido a veces alucinaciones y espejismos, sobre
todo después de haber bebido demasiado o estando muy cansado...
¿Quiere todo esto decir
que nunca debo fiarme de lo que me dicen, de lo que estudio o
de lo que experimento? De ningún modo. Pero parece
imprescindible revisar de vez en cuando algunas cosas que creo saber,
compararlas con otros de mis conocimientos, someterlas a examen
crítico, debatirlas con otras personas que puedan ayudarme a
entender mejor. En una palabra, buscar argumentos para
asumirlas o refutarlas. A este ejercicio de buscar y sopesar
argumentos antes de aceptar como bueno lo que creo saber es a lo
que en términos generales se le suele llamar utilizar la razón.
3 Atendiendo al texto,
explica el significado de las expresiones subrayadas:
El
objetivo del método racional es establecer la verdad, es
decir, la mayor concordancia posible entre lo que creemos y lo que
efectivamente se da en la realidad de la que formamos parte. «Verdad»
y «razón» comparten la misma vocación universalista, el mismo
propósito de validez tanto para mí mismo como para el resto de mis
semejantes, los humanos. Lo expresó concisamente muy bien Antonio
Machado en estos versos:
Tu verdad, no: la Verdad. Y ven conmigo a buscarla. La
tuya, guárdatela.
De modo que la razón no
es algo que me cuentan los demás, ni el fruto de mis estudios o de
mi experiencia, sino un procedimiento intelectual crítico que
utilizo para organizar las noticias que recibo, los estudios que
realizo o las experiencias que tengo, aceptando unas cosas (al menos
provisionalmente, en espera de mejores argumentos) y descartando
otras, intentando siempre vincular mis creencias entre sí con cierta
armonía. Y lo primero que la razón intenta armonizar es mi punto de
vista meramente personal o subjetivo con un punto de vista más
objetivo o intersubjetivo, el punto de vista desde el que cualquier
otro ser racional puede considerar la realidad. Si una creencia
mía se apoya en argumentos racionales, no pueden ser racionales sólo
para mí. Lo característico de la razón es que nunca es
exclusivamente mi razón. De aquí proviene la esencial
universalidad de la razón, en la que los grandes
filósofos como Platón o Descartes siempre han insistido. Esa
universalidad significa, primero, que la razón es universal en el
sentido de que todos los hombres la poseen, incluso los que la usan
peor (los más tontos, para entendernos), de modo que con atención y
paciencia todos podríamos convenir en los mismos argumentos
sobre algunas cuestiones; y segundo, que la fuerza de convicción
de los razonamientos es comprensible para cualquiera, con tal de que
se decida a seguir el método racional, de modo que la razón
puede servir de árbitro para zanjar muchas disputas entre los
hombres.
4 Dice el filósofo
alemán Kant que si nos privan de la libertad de expresión también
nos privan de la libertad de pensar. Lee este texto y explica la
relación entre libertad de expresión y libertad de pensamiento.
La razón no sólo es un
instrumento para conocer sino que tiene relevantes consecuencias
políticas. El proceso de razonamiento -argumentos,
datos, dudas, pruebas, contrapruebas, preguntas capciosas,
refutaciones, etc.- está tomado del método que seguimos para
discutir con nuestros semejantes los temas que nos interesan. Es
decir, todo razonamiento es social porque reproduce el
procedimiento de preguntas y respuestas que empleamos para el debate
con los demás. Tal es precisamente el origen de la razón, si hemos
de hacer caso a Giorgio Colli: «Muchas generaciones de dialécticos
elaboraron en Grecia un sistema de la razón, del logos, como
fenómeno vivo, concreto, puramente oral. Evidentemente, el
carácter oral de la discusión es esencial en ella: una discusión
escrita, traducida a obra literaria, como la que encontramos en
Platón, es un pálido subrogado (sustituto) del fenómeno
originario, ya sea porque carece de la más mínima inmediatez,
de la presencia de los interlocutores, de la inflexión de sus voces,
de la alusión de sus miradas, o bien porque describe una emulación
pensada por un solo hombre y exclusivamente pensada, por lo que
carece del arbitrio, de la novedad, de lo imprevisto, que pueden
surgir únicamente del encuentro verbal de dos individuos de
carne y hueso».
Razonar no es algo que se aprende en soledad sino que se inventa al
comunicarse y confrontarse con los semejantes: toda razón es
fundamentalmente conversación.
5 ¿Son todas las
opiniones igualmente válidas? ¿Por qué?
Actualmente
se ha extendido una versión que me parece errónea de la
relación entre la capacidad de argumentación y la igualdad
democrática. Se da por supuesto que cada cual tiene derecho a
sus propias opiniones y que intentar buscar la verdad (no la tuya ni
la mía) es una pretensión dogmática, casi totalitaria. En el
fondo, no hay planteamiento más directamente antidemocrático que
éste. La democracia se basa en el supuesto de que no hay hombres que
nazcan para mandar ni otros nacen para obedecer, sino que todos
nacemos con la capacidad de pensar y por tanto con el derecho
político de intervenir en la gestión de la comunidad de la que
formamos parte. Pero para que los ciudadanos puedan ser
políticamente iguales es imprescindible que en cambio no todas sus
opiniones lo sean: debe haber algún medio de jerarquizar las ideas
en la sociedad no jerárquica, potenciando las más adecuadas y
desechando las erróneas o dañinas. En una palabra, buscando la
verdad. Tal es precisamente la misión de la razón cuyo uso todos
compartimos (antaño las verdades sociales las establecían los
dioses, la tradición, los soberanos absolutos, etcétera). En
la sociedad democrática, las opiniones de cada cual no son
fortalezas o castillos donde encerrarse como forma de autoafirmación
personal: «tener» una opinión no es «tener» una propiedad que
nadie tiene derecho a arrebatarnos. Ofrecemos nuestra opinión a los
demás para que la debatan y en su caso la acepten o la refuten, no
simplemente para que sepan «dónde estamos y quiénes somos».
Y desde luego no todas las opiniones son igualmente válidas: valen
más las que tienen mejores argumentos a su favor y las que
mejor resisten la prueba de fuego del debate con las objeciones que
se les plantean.
6. Realiza una afirmación
subjetiva y explica por qué es subjetiva.
7. Realiza una afirmación
objetiva y explica por qué es objetiva.
8. Explica algún
argumento que te convenza a favor o en contra el dogmatismo.
9. Explica algún
argumento que te convenza a favor o en contra el escepticismo.
10. Explica algún
argumento que te convenza a favor o en contra el relativismo.